Open Science: todo un desafío

Is massively collaborative mathematics possible? es el título que Tim Gowers daba en el año 2009 a una entrada publicada en su blog. En ella invitaba al lector a resolver un problema matemático. Gowers iniciaba así un experimento social, conocido como proyecto Polymath, que provocó una colaboración en línea sin precedentes entre matemáticos de todo el mundo. ¿Cuál fue el resultado? Un problema que de haberse resuelto de la forma convencional habría tardado más de tres meses, con la colaboración de todos fue resuelto en tres semanas [1]. Desde ese primer proyecto son muchos los que han ido sucediéndose basados en ciencia participativa como el Polymath8, iniciado por el matemático Terence Tao en el año 2013 o, un ejemplo desde España es el proyecto Citclops, coordinado por el centro tecnológico Barcelona digital, que fomenta de forma directa la participación de la población como estrategia de difusión de los valores ambientales.

No cabe duda de que son muchas las ventajas que pueden derivar de un intercambio abierto de conocimiento que expanda nuestra habilidad para resolver los problemas intelectuales y, de esta forma, amplificar nuestra inteligencia colectiva. Bajo este paraguas nace el movimiento Open Science (OS) o ciencia abierta. Así, OS tiene como objetivo fomentar la apertura en el ámbito científico mejorando con ello la reproducibilidad, transparencia y difusión del conocimiento entre la población. Estamos ante un nuevo escenario social que reclama una mayor apertura de la ciencia gracias a las enormes posibilidades que ofrece hoy en día internet para hacer llegar la información a cualquier persona que disponga de ordenador y conexión a la red y que mucho dista del secretismo científico de finales del siglo XVI, ¿o no?

El pasado 13 de mayo éramos muchos los que asistíamos al workshop impartido en la Carlos III sobre OS. Como estudiante de doctorado contemplaba horrorizada como en algunos momentos en los que se hablaba de un intercambio abierto de conocimiento saltaban todas mis alarmas sobre los posibles riesgos de plagio que de ello podría derivar. Lo que me lleva a reflexionar sobre los motivos que nos llevan a sentir este tipo de miedos a la libre difusión de resultados durante todo el proceso de investigación, incluido el desarrollo del mismo. Estamos metidos en un sistema en el que el prestigio del investigador se mide bajo indicadores de la producción científica. Estos indicadores se han convertido en la fuerza motriz para mejorar la reputación del científico, conseguir financiación o conseguir una posición, lo que conlleva una enorme competencia entre las revistas científicas [2]. Somos muchos los que en ocasiones nos sentimos frustrados por estas tendencias que reorientan, vician y, en muchos casos, propician un importante deterioro de la calidad y comunicación de la investigación. ¿Dónde queda el reconocimiento a través del impacto social de nuestro trabajo?

Una filosofía de ciencia abierta que impulsa la apertura al público y además fomenta la colaboración entre profesionales puede ser un excelente paso adelante para expandir el conocimiento, acelerar los descubrimientos científicos y aportar a la sociedad.

Por todo ello, #IamAnOpenScientist because I believe in social cooperation to move forward.

[1] Nielsen, Michael A. (2011). Reinventing Discovery: The New Era of Networked Science. Princeton, N.J: Princeton University Press

[2] Lawrence, P.A. (2009). Real lives and white lies in the funding of scientific research: the granting system turns young scientists into bureaucrats and then betrays them. PLoS Biology;7(9):e1000197. doi: 10.1371/journal.pbio.1000197

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